He de confesar mi más completa admiración por una técnica de desarrollo profesional como el coaching. Sin embargo, permítanme que rompa una lanza por un poco de “cordura” en su aplicación. El coaching es una técnica muy potente para movilizar los recursos propios y desde las propias experiencias del profesional facilitar que pueda conseguir determinados objetivos o mejoras de crecimiento profesional. Pero sin lugar a duda, es preferible hablar del MIX DEL DESARROLLO, de tal modo que podamos determinar si una persona requiere de un entrenamiento específico, de una formación online o e-learning, de un proceso de mentoring, de una actividad de outdoor-training o … Todo esto conforma los recursos con los que cuenta cualquier profesional (consultor, entrenador, coach, formador, mentor,…) para poder ayudar en el desarrollo a otro profesional. Y es precisamente en ese MIX, es decir, en la combinación de estos elementos como si fuera alquimia pura, donde se nota el verdadero profesional. Sólo que cuando se utiliza el coaching en ese MIX debe hacerse de un modo puro en el tiempo o sesión que se le dedique. El coach advierte en su proceso de coaching que mediante la técnica no va a darle soluciones (cuestión esta que si podría hacer en cualquiera de las anteriores nombradas) y eso permite que el coachee o profesional asuma su responsabilidad y la movilización de sus recursos. Por eso, no se puede hacer coaching en cualquier momento, ni en cualquier situación. Los entornos organizativos requieren de profesionales que sepan de las organizaciones lo suficiente como para tener esta perspectiva del desarrollo organizativo.