Suele haber algo de confusión cuando se habla de coaching. Fundamentalmente porque la palabra Coach significa entrenador, y en otros países es muy típico utilizar el término Coach para el entrenador de equipos bien sea de futbol, rugby o cualquier otro deporte. En tenis concretamente, también se denomina Coach al entrenador del tenista, e incluso se utiliza la expresión coaching cuando en un partido el entrenador o coach da indicaciones al tenista estando prohibido, eso por lo tanto tiene penalización.
A veces me cruzo con especialistas del deporte y me dicen que ellos siempre han hecho coaching, pues habían sido entrenadores. No puedo sino sonreír y comentarles que ese término lo utilizamos para describir un proceso de aprendizaje del deportista pero “desde” el deportista, vamos sin instrucciones, sin enseñanzas unilaterales ni imposiciones doctrinales. Cuando hablamos de coaching en el mundo organizativo y lo aplicamos tanto en las empresas como en la educación, la sanidad y el deporte, entre otros, nos referimos a la facilitación por parte de un coach de un entorno de aprendizaje donde a través de su acompañamiento emocional y racional, ayuda al coachee (ejecutivo, profesional, docente o deportista) a que busque por sí mismo la solución, construyendo no sólo los objetivos sino la forma de conseguirlos. Esto genera un dominio y control completo del coachee de su situación, sirviendo como experiencia para aplicar en situaciones futuras. Por eso el coaching genera responsabilidad, autoconfianza y autocontrol.
Por todo ello, no es coaching todo lo que reluce.