Una de las cosas que más llama la atención en las empresas es la incapacidad para superar muchos conflictos internos. Diminutos conflictos surgen diariamente y como una telaraña van conformando un manto mucho más resistente y poderoso. El tiempo pasa y el conflicto se enquista generando sinergias negativas y pérdida de productividad. Ana, directora de marketing, llegó ese día por la mañana con el pie cruzado, no saludó al llegar, y tuvo un mal gesto en un proyecto que le presentó uno de sus adjuntos. Ella ni se percató, bastante tenía con aguantar el día. Por otro lado, el adjunto no lo olvidó, ese día se fue muy desequilibrado y sencillamente bajo el nivel de su productividad, “total ¿para qué? si en esta empresa no se te valora”. Este simple gesto condicionó una actitud, que se quedó enquistada. Ni Ana se percató, ni el adjunto consideró que valía la pena afrontarlo, al menos esa no era su misión. Ese mismo día, en producción hubo un problema con una de las máquinas, cuando llegaron los de mantenimiento el jefe de producción les recibió con bronca y malas palabras pues la parada estaba teniendo un coste muy alto. Los de mantenimiento, ante tal recibimiento, resolvieron el problema con efectividad y precisión, pero ya nunca más trataron igual al jefe de producción, sencillamente cumplían su trabajo con efectividad, pero no pusieron más compromiso. El jefe de mantenimiento, consideró que era normal que ante una crisis como la que había sucedido se metiera presión al personal, al menos el sentido que entendía él de meter presión. Por lo tanto, nunca consideró que tal incidente fuera importante, y se olvidó rápidamente. Pero los de mantenimiento no olvidaron. Ese mismo día, Toni, comercial de la empresa, prometió unos plazos de entrega que después se desviaron mucho de la realidad. El cliente sencillamente no volvió a hacer un pedido. El comercial, en la reunión de ventas, echó la culpa a los de producción, a pesar que no era la primera vez que le pasaba. El director comercial expresó sus quejas en el comité de dirección, poniendo el caso de Toni sobre la mesa. Ni que decir que Toni fue vetado desde entonces en producción y que en el comité de dirección ventas y producción seguían en su lucha interna de culpas mutuas.

En realidad no fue un día distinto a muchos otros, pero si lo analizamos un poco desde la distancia, podemos observar cómo los conflictos aumentan y no se resuelven. Muy al contrario se enquistan y crecen. Algunos por ignorancia, otros por lucha de poderes, otros por la mezcla de temas personales con los asuntos profesionales. Y así podríamos seguir enumerando una gran lista. En realidad, esto es la empresa en su día a día. Igual piensan que exagero, pero no considero que lo haga. Sencillamente, intento plantear con objetividad y distancia muchas de las situaciones empresariales, y eso sí, intento no dejarme ninguna. Intento afrontar toda situación conflictiva que se da en la organización, pues considero que si no se afronta se enquista como decíamos. Y si estas situaciones se multiplican por 365 días, no duden que esto tiene efectos realmente perversos sobre la empresa: pérdida de motivación, sinergias negativas, falta de visión conjunta, pérdida de creatividad e innovación, disminución de la productividad… mejor no seguir.