Pero no quiero ser negativo, quiero sencillamente ser realista. Y por lo tanto me gustaría finalizar concluyendo con algunas posibles soluciones a tener en cuenta, a pesar que cada empresa es un mundo diferente. Le propongo un decálogo para su reflexión:
1. Recuerde, no existe un problema pequeño, seguramente esa es la dimensión que usted le da, pero no dude que otros no necesariamente lo ven igual que usted.
2. Los problemas o conflictos crecen exponencialmente no aditivamente, por lo tanto, atájelos cuanto antes negociando y sentando a los agentes o intervinientes para que lo puedan solucionar, o introduzca personas con un papel mediador.
3. Recuerde que no existe “la verdad”, por lo tanto, escuche a todos sin discriminación y busque la máxima objetividad en sus expresiones.
4. Los problemas lo son hasta que surgen soluciones, por lo que no lo dude, ponga a todos a trabajar en las soluciones y después plantéense como evitar que vuelva a suceder. Consiga el compromiso de todos los intervinientes.
5. Cuando afronte el problema no olvide afrontar la emocionalidad que lo tiñe, haga que su personal tenga inteligencia emocional en la solución de conflictos. O al menos considere tener una masa crítica suficiente de personal con inteligencia emocional.
6. Plantee a su personal una dedicación al trabajo con la máxima concentración intentando evitar no ser conscientes o no darse cuenta del impacto de sus acciones.
7. Favorezca la comunicación plena para que los conflictos se conviertan en malentendidos y se solucionen rápidamente.
8. Genere una visión de equipo lo suficientemente potente como para que nadie se olvide que lo importante es la organización como un todo.
9. Favorezca una cultura de mejora, permitiendo que sus directivos “tengan” errores de modo público, pues esto hará que el error se convierta en aprendizaje. Recuerde no existen directivos sin errores, sino directivos que no quieren ver los errores.
10. Mantenga siempre una actitud serena y de consenso, pues su actitud condiciona el éxito de este decálogo.