Leyendo el otro día noticias de liderazgo de Marshall Goldsmith, uno de los coaches ejecutivos de más prestigio mundial, salía el tema tan interesante de la inercia (otro día hablaremos de su concepto del MOJO, ese momento cumbre lleno de propósito, poder y significado que es reconocido socialmente, pues de su What got you here won´t get you there hay ya mucho escrito). Sí, comentaba el concepto de la inercia dentro de un artículo suyo titulado la paradoja de MOJO (en serio otro día me extenderé sobre MOJO). Para Marshall, nuestra respuesta por defecto en la vida es la experiencia de la no felicidad, del no significado, de la experiencia de inercia. Sí, es la tendencia a continuar haciendo siempre lo que hemos hecho. Si me paro aquí y reflexiono, … mmm mejor seguir avanzando y dejar que esto repose. Somos pura inercia en efecto, y a veces no nos damos cuenta de cómo la inercia guía nuestras vidas. ¿Queremos que la inercia nos guíe? Yo creo ser demasiado existencialista y vitalista como para permitirlo. Aquí me levanto con energía y exuberante optimismo. En serio, nuestras vidas y nuestras empresas están llenas de esa inercia, esa “zona de confort” de la que hablamos en coaching y de la que tan difícil es moverse. Gracias Marshall por recordarnos nuestra pereza y por hacernos más consciente nuestro letargo. Hoy creo seré un poco menos inerte. ¿Y tú? ¿Navegas en la corriente de la inercia?