La participación requiere libertad, confianza y competencias de desempeño. Y al mismo tiempo, los empleados participan si sienten que hay proyecto, si están comprometidos. Si sólo un 8,1% de las empresas españolas obtiene una participación voluntaria del empleado, la pregunta es qué estamos haciendo para que un 90,9% de los empleados sólo hagan lo que contractualmente se establece. Por un lado es importante que los empleados puedan crear y crecer en su propio puesto pues esto permite mejorar productos y servicios y al mismo tiempo adaptarnos al entorno cambiante. Pero para ello necesitamos de la participación voluntaria de los empleados en las tareas sobre todo en aquellas que no están obligados a hacer pero que repercuten en la organización. Este tipo de comportamientos extra-rol son un buen indicador de la salud de una empresa. Y sin embargo, nuestras empresas suspenden. ¿Qué podemos hacer? Lo primero y más importante es profesionalizar a los empleados, es decir, independientemente del puesto y jerarquía que ocupe un empleado, hacerle sentir partícipe de su rol en la organización y permitirle un sentido de profesionalidad y desarrollo de modo que pueda crecer y mejorar. Y no sólo hablo de directivos, sino de todo tipo de puestos laborales. Todo puesto requiere dignidad, sentido de partencia, y profesionalidad. Y está en nuestros ojos permitir este cambio perceptivo. Si claro, todo está en la mente individual y colectiva. (Dato obtenido del estudio Top-Talento del profesor Luna, se pueden obtener datos del estudio en la web www.gestiondeltalento.es)