¿Quien no ha estado en un entorno laboral donde se respiraba miedo, o angustia, o estrés, o tensión? ¿Quién no ha vivido emociones intensas en las organizaciones de entusiasmo, alegría y optimismo? Todas son situaciones emocionales, desde el grito agresivo, el pánico del reto y el orgullo de las situaciones de responsabilidad y toma de decisiones. En todos los casos, las empresas continuamente están viviendo emociones y la regulación y ajuste de estas emociones es básico para comprender tanto el clima organizativo como la productividad.
Todo el impacto emocional que se vive en las organizaciones se denomina Energía Empresarial, sí, en efecto, como si fuera un recurso más de la organización. Aunque seguramente es el más intangible de todos. Muy pocos estudios científicos se han atrevido salvo algunas investigaciones puntuales que comienzan a hablar de energía emocional organizativa. Y se pueden distinguir dos tipos de emociones organizativas, (1)las que se utilizan a nivel energético para movilizar a los profesionales para que su trabajo pase de “bien hecho” a “excelente”; y (2) las que se obtienen como resultado de la gestión del talento profesional. Este segundo tipo de energía fruto del clima, de la relación laboral, de la gestión del talento y de los comportamientos directivos, es lo que denominamos el ROI (Return on Investment) Emocional. Una energía resultante del día a día cotidiano en la empresa y que como un bucle retroalimenta a la organización. Si la energía resultante de la experiencia profesional es positiva, alimenta la energía motivacional que da lugar a los trabajos excelentes y a los profesionales competentes. Si, por el contrario, el ROI emocional es negativo, el profesional se separa más de la organización (pierde alineación con los objetivos y estrategias), pierde motivación (no logra trabajos excelentes) y se relaciona menos (pierde sinergias con otros colegas intra e inter-departamentales).
Por todo ello, el ROI emocional, es el retorno emocional fruto de una inversión en la gestión del talento organizativo. Para ello se necesita un nivel crítico de directivos maduros en el desarrollo de la inteligencia emocional, pues sino, la organización está llena de conflictos y de emociones no afrontadas ni solucionadas.
Tanto los empresarios como los directivos son los exponentes clave para generar el ROI emocional. Por ello, se debe por fin asumir y afrontar el tema de las emociones en las empresas pero desde un lenguaje tanto psicológico como económico. Bajos niveles de ROI emocional generan climas inadecuados, baja productividad, perdida de compromiso, baja innovación y pérdida de competitividad empresarial. Y, lamentablemente para muchos directivos, el ROI emocional no se compra, sino que se construye, como la confianza. Aquellas organizaciones que logren conseguir niveles umbrales positivos de ROI emocional se estarán diferenciando claramente de la competencia tanto en resultados como en procesos.
La literatura científica está comenzando en los últimos años a investigar este fenómeno, consiguiendo una mayor sensibilización en el mundo empresarial. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer en la investigación de las emociones organizativas.
Cuando escucha en la empresa con tono alto “las emociones en casa… aquí se viene a trabajar” no lo dude, el directivo es el primero que pone las emociones en juego. No podemos ser ajenos a esta realidad que tanto perjudica nuestra competitividad y que, sin embargo, bien gestionada puede potenciar los resultados organizativos.