La sociedad occidental está obsesionada con la individualidad y la competitividad. Sin embargo, en el mundo de la empresa estas dos palabras no acaban de encajar bien, al menos en el mundo del talento del que tanto hablamos. El enfoque del talento individual deja el poder estratégico y competitivo en el individuo y no en la organización, con lo que dejan de ser una ventaja competitiva en cuanto los contrata la competencia. Sin embargo, si nosotros generamos una organización que provoca que fluya y emerja el talento, el poder estará en la organización y no en el individuo. Así, un empleado talentoso nos podrá abandonar, y seguramente hará bien, pues el mercado le ofrecerá salarios más altos y competitivos, pero en ese tiempo ha estado en nuestra organización creciendo profesionalmente y produciendo para la organización. Cuando se vaya dependerá de la organización que se estancará o seguirá creciendo, eso ya no es nuestro problema. Nuestra organización debe concebir la “maquinaria” del talento como el elemento clave organizativo para la diferenciación y la competitividad. Y con ello viene de la mano la productividad, la innovación y la creatividad. ¡Casi nada eh! En la dirección de empresas se insiste desde las teorías de los recursos y capacidades que aquellos que tienen potencial estratégico deben ser valiosos (relacionados con la eficacia y eficiencia), inimitables, difícilmente disponibles por la competencia e insustituibles. Con estos cuatro factores en mente piense si su organización está diferenciándose por su gente. Los recursos humanos (mal llamados como siempre insistimos) tienen un gran potencial estratégico porque precisamente dependen de la organización y su cultura que puede potenciarlos o sencillamente desmotivarlos. Como dicen muchos expertos en rrhh “¿para qué necesitamos programas de motivación?, la gente va motivada al puesto, lo que necesitamos es no desmotivarlos para después hacer estrategias de motivación”. Necesitamos que la empresa, su cultura, sus valores, su clima sean liberadores del talento, y guías que acompañen en el proceso de aprendizaje y desarrollo. De este modo, nuestras organizaciones generarán talento, y el poder y control estará siempre en la organización, no en el individuo. Pero conseguir esa fórmula magistral seguramente sólo la saben Panoramix … y yo, claro. 🙂