No deja de llamarme la atención la escasa aplicación de la Inteligencia Emocional en la empresa a pesar de que ha avanzado tanto en los últimos años. Tengo la sensación que estamos como cuando Ulises atiende el consejo de Circe –la divinidad de los ojos claros- de tapar con cera los oídos de sus compañeros de viaje pero él decide que le aten para poder escuchar esos cantos mortales. Por un lado tenemos al empleado que se le enseña a no atender sus emociones en la empresa y con ello, se pierde un elemento fundamental del trabajo, la pasión, ese punto emocional que hace de un trabajo bien hecho un trabajo excelente. Y por otro lado el directivo que como Ulises se ata y se permite escuchar el canto pero no reaccionar a él, claro, supone la muerte. Un buen amigo mio, Gustavo Piera (http://www.gustavopiera.com/) decía en una charla que el empleado cuando entra a la empresa le han enseñado a colgar su abrigo y también su corazón, para que no sienta. Incluso llega más a dramatizarlo cuando comenta que después de la dura jornada laboral, algunos empleados hasta se olvidan no del abrigo claro, sino de recoger su corazón. Es la parte donde la empresa nos afecta tanto en lo emocional. Creo que merece una reflexión importante para la empresa. Y creo que merece que le prestemos atención a un tema que debería ser materia de estudios y experiencia de nuestros niños en los colegios. En valencia de hecho el Centro Europeo de Coaching Ejecutivo lanza una primera propuesta para profundizar en estos temas Laura Marí y Robert Emmerling, entre otros (http://www.centrocoaching.com/experto-en-inteligencia-emocional-ce.htm). Pero necesitamos entrenar, las emociones tiñen nuestros pensamientos del color del afecto. Todos sentimos las emociones, quizás la gran diferencia de las personas es qué hacemos con ellas. Dedicado a una sirena que está entrando en su ser emocional